Me levanto cada día llena de energía, creo que no he conocido a nadie que se levante de tan buen humor como yo. Lo primero que hago es ir directa al salón, poner música, normalmente Oasis o Keane, y me voy a la cocina a por una buena taza de café bien cargado. Me encanta el café, soy adicta.

Aquella mañana me desperté más espabilada que nunca, ¿por qué? pues bueno, era viernes y además de mi cumpleaños -que tampoco es que me hiciera mucha ilusión-, comenzaba en mi primer trabajo oficial. Estaba muy ilusionada, salí de la cama con tiempo, me duché, me arreglé el pelo, me maquillé como nunca lo había hecho en mi vida, me planté un traje de pantalón y chaqueta gris monísimo y unos taconazos nude preciosos, me he miré al espejo y me dije: “Sofía, no la cagues”. Y la cagué.

Mi primer día fue más que desastroso. La sede de la revista está a tan solo 15 minutos andando de mi casa, en Gran Vía. A las ocho en punto de la mañana tenía que estar allí y por una vez en mi vida llegué a tiempo. La oficina se encuentra en el séptimo piso de un edificio enorme. Subía en el ascensor bastante tranquila, pero nada más abrirse las puertas y ver la blanca recepción con pantallas enormes reproduciendo vídeos y fotos super guays de todo lo que habían conseguido en tan poco tiempo, me entraron unos escalofríos por todo el cuerpo horribles. Menos mal que el recepcionista era un chico majísimo que me indicó dónde estaba la sala de espera, y mientras esperaba a que vinieran a por mí pude serenarme un poco.

–Hola ¿eres Sofía? –una chica de unos 30, con flequillo y pelirroja estaba junto a la puerta de la sala. Llevaba un traje negro, los labios rojos y un ipad entre los brazos.

–Hola, sí soy yo –me levanté y le di la mano.

–Es un placer, soy Esther, secretaria de Noa.

Noa Sanz es la directora creativa de Fille Magacine, toda una eminencia en el mundo de la comunicación y yo iba a trabajar para ella. “Qué fuerte es todo esto” pensé. Já.

Esther me acompañó por los largos y blancos pasillos de la revista mientras me explicaba mis horarios, normas de la empresa y todos esos rollos, hasta que llegamos a la redacción, donde todos trabajaban en el contenido del próximo número.

–Como sabrás, la revista es mensual. Aquí trabajan todos los periodistas en el contenido, y tú trabajarás allí, con los demás publicistas, en la publicidad de la revista –me dijo mientras señalaba una sala cerrada entera con cristal, con una mesa gigante en el centro, unas doce sillas alrededor y siete personas haciendo aspavientos mientras miraban una pizarra llena de post-its de colores. Y bueno, la secretaria es un poco estúpida, ya lo habréis notado.

–Genial, supongo que empezaré de inmediato ¿no?

–No. Noa quiere hablar contigo antes.

En ese momento, Esther pasó por delante de mí y llamó justo a la puerta que tenía a mis espaldas. Me di la vuelta y leí: “Noa Sanz, Directora Creativa”. Tragué saliva.

–Pasa. –una voz grave y seca se oyó a través de la puerta.

–Noa, la nueva incorporación al equipo de publicidad… –Esther me presentaba mientras abría la puerta.

–Sonia ¿verdad? Siéntese por favor.

–En realidad es Sofía, señora– le dije con voz tímida. Su presencia impone bastante.

–Pues eso, siéntese por favor –mientras hablaba no paraba de mirar los papeles que tenía esparcidos por toda su mesa.

Me senté en una de las sillas frente a su escritorio y la observé. Es castaña oscura, llevaba el pelo recogido y gafas de pasta negra. Aún no había levantado los ojos de los documentos y parecía no importarle que yo estuviera esperando. A pesar de no verla de frente pude intuir que no estaba de muy buen humor… tenía el ceño fruncido, movía la cabeza con gesto de desaprovación, y de entre sus labios se podían distinguir expresiones malsonantes y de rechazo hacia un tal “Nicolás”. Tras ella, una enorme ventana dejaba entrar la luz de la mañana, creando un paisaje precioso. Los tejados de Madrid y el cielo azul me habían abstraído totalmente.

–¿Me está escuchando?

“Mierda.”

–Sí, perdone, las vistas son espectaculares…

–No está aquí para ver vistas, y mucho menos para perder el tiempo.

–Disculpe, señora.

–Y no me llame señora, use mi nombre, que para algo lo tengo.

–Sí, Noa –me estaba acojonando bastante.

–Mientras usted estaba en “Narnia” le comentaba que aquí nos tomamos muy enserio el trabajo duro y la entrega. Le diré que antes de hacerle cualquier tipo de contrato por un tiempo considerablemente extenso, tendrá que demostrarme durante los próximos meses que sus estudios le han servido para algo. No solo para embobarse mirando cristales.

–He aceptado este trabajo porque sé que lo voy a hacer bien. Trabajaré muy duro. –quería mostrarme con confianza.

–Ha aceptado este trabajo porque yo se lo he ofrecido. Lo del trabajo duro ya lo veremos.

A partir de ese momento decidí que lo mejor era esuchar y asentir.

 

Tras aquel bochornoso e incómodo primer encuentro con mi jefa, ella misma me acompañó a la sala con las paredes de cristal y me presentó a los demás como “Sonia, la nueva”. A continuación, y sin decir palabra, se dio media vuelta y salió.

–En realidad es Sofía…

–Asiente y no preguntes, es la única forma de tenerla contenta. Soy Nicolás, encantado –me dijo sonriendo y en voz baja.

No sabía si debía advertirle de que le iba a tocar a él asentir y no preguntar dentro de poco… no sé qué habría hecho mal, pero definitivamente Noa no estaba contenta con su trabajo.

–Yo soy Nacho, tu supervisor, un placer –nos saludamos educadamente. Su acento dejaba más que claro que es sevillano.

Desde dentro, la sala era más pequeña de lo que parecía desde fuera. Además de la mesa enorme -que estaba llena de portátiles, revistas, colorines y papeles- y de la gente trabajando, había una pequeña mesa llena de donuts y jarras de café justo delante de una ventana gigantesca -incluso más grande que la del despacho de la bruja- que daba a la Gran Vía. Ya me gustaba el trabajo simplemente por el café y las vistas.

Tras mi momento de gloria frente a la ventana, y con un donut y un café en la mano, Nacho me presentó a los demás miembros del equipo, que fueron majísimos conmigo. “Lo mismo da que la otra…” pensé.

–Estamos organizando una nueva campaña de cara a primavera y obviamente el mayor peso lo llevan las redes sociales. Contamos contigo, pero no te quiero engañar, Sofía, aquí somos muy exigentes. Me han hablado muy bien de ti, pero me tienes que demostrarnos que es cierto.

–Lo haré bien, no te preocupes. Voy a dar el cien por cien desde ya.

–Perdonad que os interrumpa, Nacho… Noa me acaba de pedir que vaya a su despacho y no parece que sea algo bueno. Quiere hablar del briefing que me encargó… –Nicolás sonaba bastante preocupado.

–No quiero meterme donde no me llaman… pero cuando he entrado en su despacho estaba mirando unos papeles algo cabreada… –les dije para prevenirles.

–Mierda… la he cagado –ahora más que preocupado estaba acojonado.

–A lo mejor es otra cosa. Ve a hablar con ella y ahora me cuentas –Nacho le restaba importancia.

Estaba empezando a sentirme bastante cómoda en ese ambiente. Parecía que ellos también pensaban que más que mujer, Noa era una amargada de unos 40 y pico años, que solo sentía aprecio por sí misma y por su seguramente exagerada nómina mensual.

–Yo que tú iría con cuidado… solo he estado tres minutos con ella y me ha absorbido toda la energía. No sé cuánto tiempo llevaréis trabajando aquí, pero debe haber consumido al menos ya tres cuartas partes de vuestras almas.

–Sofía.

–Dime Nacho.

–La “chupa-almas” es mi mujer.

La madre que te parió, Sofía.

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Comment ( 1 )

  • Pal

    Grande Sofía 😂

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