Salí del trabajo a las cuatro en punto de la tarde. Después de mi bochornoso comienzo solo tenía ganas de meterme en la cama y no dejar de pensar en lo penosa que era. Pero la realidad fue muy distinta. Nada más subir las escaleras de mi edificio, me encontré a Andrea y Cris esperándome en la puerta.

–¡Felicidades! –gritaron las dos al unísono.

No hizo falta que dijera nada, mi cara hablaba por sí sola.

–Pero ¿se puede saber qué coño te pasa? ¡Que cumples veintitres! –Cris se lanzó eufórica a abrazarme.

–Qué coño no me pasa querrás decir… soy un puto desastre…

Busqué mis llaves en el bolso y abrí la puerta de mi apartamento. Pasamos las tres y me tiré en el sofá.

–Tía… no puede haber sido tan malo –Andrea intentaba consolarme.

–He llamado a mi jefa “chupa-almas” en frente de su marido. Que por cierto, es mi jefe y voy a trabajar con él día tras día.

Ellas ya sabían algo del tema porque les había adelantado lo que me había pasado por Whatsapp.

–Bueno, pero te has disculpado ¿no? –Cris le restaba importancia

–Sí…

–¡Pues ya está! No le des más vueltas, seguro que el lunes ya se les ha olvidado –yo no estaba tan segura de eso– pero ahora venga, arréglate que nos vamos.

–¿A dónde?

–Es sorpresa… –me susurró Andrea.

Al parecer, íbamos a estar toda la tarde y toda la noche fuera de casa, así que me arreglé un poco el maquillaje, me puse un vestido rojo suelto con unos botines y mi chupa negra, y salimos de mi apartamento. No podía parar de pensar en mi cagada en el trabajo, pero como no pretendía amargar a mis amigas, decidí olvidarme y posponer mi depresión hasta el domingo por la noche.

Estuvimos toda la tarde de compras y después fuimos a cenar a Dstage, en el barrio de Chueca. La verdad es que agradecí estar las tres solas. Entre la mudanza y todo lo que teníamos que hacer, no encotrábamos mucho tiempo para sentarnos y charlar.

–¿Tenéis pensado hacer algo guay mañana? –preguntó Andrea.

–Yo tengo una lista interminable de películas que me han recomendado ¿te apuntas? –le dije.

–A ver, ¿cuáles me propones? –Andrea había visto un millón películas más que yo.

Passengers, The Intouchables, La Chica Danesa…

–Diego y yo vamos a vivir juntos. –Cris nos interrumpió. Estaba seria y no levantaba la mirada de su plato.

Andrea y yo nos miramos si entender nada.

–Pero Diego sigue estudiando en Valladolid –dijo Andrea.

–Ya, pero al parecer pidió un traspaso del expediente o algo así… –Cris hablaba muy deprisa y entrecortada– no sé chicas, no sé. Creo que no quiero que se venga a vivir conmigo.

–¿Y por qué no se lo dices? –le pregunté seria.

–Porque no puedo. Porque lleva con todo esto del traspaso y las notas y las universidades todo el curso, y lo está haciendo solo por mí…

–¿Es que ya no quieres estar con él?

–No, sí que quiero. Creo. No lo sé, hasta ahora hemos estado muy bien. Hemos llevado bien lo de la distancia y no estar tanto tiempo juntos. De hecho creo que ha sido algo bueno, pero ahora que pienso en tener una vida con él, vivir juntos y todo eso… es como si no me apeteciera.

–Pues es algo importante, Cris –Andrea le cogió la mano– porque si no quieres de verdad, tienes que decírselo cuanto antes.

–Pero medítalo primero, porque a lo mejor solo es que te has agobiado. No tomes decisiones precipitadamente –le intenté tranquilizar.

Después de tantos años juntos -pero a la vez separados- notaba cómo Cris empezaba a tener dudas de algo que todo el mundo ya daba por sentado. “Diego y Cris”, “Cris y Diego” estarían toda la vida juntos. Yo no lo veía tan claro, y al parecer Cris tampoco. Ahora entendía algo más el regalo de cumpleaños que me había hecho: un viaje para las dos solas a un lugar “desconocido”, en el que “desconectar y redescubrirnos a nosotras mismas”, según ponía en la tarjeta que me había dado.

—–

Terminamos de cenar sobre las doce, la hora perfecta para ir a tomar unas copas al Tom’s, nuestro bar por excelencia. Era el club donde siempre nos juntábamos los amigos del pueblo y pasábamos las horas muertas. Durante el día y la tarde era un bar normal y corriente, pero por la noche se convertía en un club con dj en directo y mucho ambiente.

Cuando llegamos, Gabri -uno de los camareros- nos tenía guardada nuestra mesa de siempre: la tercera a la derecha tras entrar por la puerta principal, aunque no estaba vacía, Jorge estaba esperándonos sentado. En cuanto nos vio, empezó a hacer aspavientos para que fuéramos rápido, estaba emocionado. Sus palabras exactas cuando nos sentamos a su lado fueron “Aplicación, móvil, inteligente”. No teníamos ni idea de lo que estaba hablando hasta que nos empezó a explicar todo.

–¡Chicas! ¡Es simple! Pero a la vez una grandísima idea… hacedme caso, tenéis que formar parte del proyecto ¡va a ser la bomba!

–A ver, explícanos… –Andrea estaba apoyada en la mesa con cara de desinterés.

–De acuerdo, vamos a ver, se trata de una aplicación móvil que funciona al estilo asistente personal, como Siri… ¡o Jarvis en Iron Man! -Jorge es un friki de las películas de súper héroes.

–Eso no es original Jorge… –no podía callarme.

–¿Quieres dejar que termine?

–Sí, lo siento.

–Gracias. Bueno, como iba diciendo, esta aplicación es un asistente personal que tú mismo configuras. Ya sabéis, cambiando chorradas como la voz, el tono… y lo que hace es acceder a otras aplicaciones del teléfono recogiendo datos como el calendario, notas guardadas, ejercicios de deporte… y te lo organiza todo creando una agenda diaria y enviándote notificaciones y alarmas. Y también te habla obviamente.

–¿Y si no quieres que te hable? –Cris tampoco veía clara la idea– Podría resultar molesto.

–Solo te habla si tú quieres, todo eso se configura… chicas de verdad, es un gran proyecto, ya estamos unos cuantos inmersos en él y necesitamos gente que sepa cómo publicitar nuevos productos, por eso quiero que forméis parte…

–Bueno, si tenéis una buena organización… podría ser un proyecto con futuro, si tú te encargas del software como buen ingeniero y diseñas la app con nuestra ayuda… –Andrea es realmente buena diseñando.

–Pero hay que trabajar muy duro en esta clase de proyectos. Sería fácil conseguir que la app se extendiera por nuestro entorno cercano… el problema vendría en el momento en el que quisiéramos llegar a más personas. –Cris seguía sin estar convencida.

–¡Por esa misma razón os necesitamos a las tres! Tres cabezas piensan más que una, ¿no?

–¿Y quienes son los otros miembros de esta “empresa” que te has sacado de la manga? –pregunté, aunque en realidad no es que me importase mucho porque la idea no me parecía ni tan original, ni tan buena.

-Ah, dos amigos míos, pero no los conocéis, de hecho uno acaba de entrar por la puerta.

En ese instante nos giramos y las tres dirigimos nuestra mirada a la entrada, donde un chico -de unos 26 años diría yo- estaba parado, mirando de un lado a otro. Era bastante atractivo; alto, ancho de espalda, con barbita de tres días, pelo moreno corto con aire despeinado… y llevaba un casco de moto en la mano. Para qué engañarnos, era de lo mejorcito que había visto en mucho tiempo.

Tardó un par de segundos en ver a Jorge, y en cuanto se dio cuenta de dónde estaba, salió como una flecha en su búsqueda. Cuando llegó a nuestra mesa… pasó de nosotras olímpicamente. Jorge y él se pusieron a hablar de algo sobre el proyecto, pero tenía que ver con ciertos permisos sobre una oficina, y como no me interesaba nada de eso, desconecté totalmente. Como a Andrea y a Cris tampoco les interesaba, antes de que Jorge tuviera tiempo de reaccionar, nos levantamos y nos fuimos a la barra a tomarnos unos chupitos.

 

—–

El reloj marcaba las dos y media de la noche, y las chicas y yo nos pusimos a bailar. Estábamos justo al lado de Jorge, su amigo el guapo y otros cuantos colegas suyos que fueron llegando. La verdad es que no podía parar de mirarle, me parecía muy atractivo, pero a la vez no me inspiraba mucha confianza… tenía cierto aire de lo que mis amigas y yo denominamos como un “cabrón con encanto”. Es decir, un tío que sabe que está bueno, pero no deja que eso se le suba a la cabeza. Pero la verdad es que me estaba creando cierta curiosidad… tenía un aire misterioso. Llegó un momento en el que incluso me enfadé conmigo misma, así que decidí acercarme a la barra para pedirme otra copa. Diez segundos más tarde el tío bueno estaba apoyado junto a mí mirándome y sin decir nada.

A mí la gente que se me queda mirando sin hablar me pone nerviosa así que le pregunté -de mala manera, porque yo soy borde por naturaleza- qué hacía ahí pasmado. Entonces me sonrió, me extendió la mano y me dijo: “Soy James”, y yo me derretí como una tonta, porque como ya habréis podido imaginar su voz iba acorde con su cuerpo perfecto y su nombre a lo “british”. Era como si Jude Law hubiera salido de mi televisor y se me hubiera plantado al lado. Pero, y muy a mi pesar, en ese momento seguía sin transmitirme nada de confianza, así que decidí ser simplemente educada con él, ya que al parecer era probable que fuéramos a trabajar en el mismo proyecto.

–Yo soy Sofía, amiga de Jorge.

–Lo sé, me ha dicho que os habéis apuntado a la Service App.

–Bueno… yo aún me lo estoy pensando… –Mentira. Estaba en el ajo cien por cien, aunque no le veía mucho futuro, la verdad– No sabía que ya teníais un nombre pensado.

–En realidad me lo acabo de inventar– hizo la típica broma sin gracia de un cabrón con encanto, con la que puede enseñar su magnífica y blanca dentadura.

Por si no os habíais dado cuenta, a estas alturas ya le había cogido algo de tirria al guapo.

–Perdona, pero es que mis amigas me están esperando para ir al baño– dije mientras cogía mi copa y me daba la vuelta.

–Vamos…– se estaba riendo a carcajada limpia –si no quieres hablar conmigo solo tienes que decírmelo, en serio, las tías ponéis unas excusas absurdas…

–¿Perdona? Estaba intentando ser educada para evitar decir que no tengo el menor interés en mantener una conversación contigo.

–Bien, eso está mucho mejor… no es tan difícil ser sincera, ¿no crees? –A mí no me vacila nadie y menos este, pensé.

–Soy una persona muy sincera para tu información. Por lo que te dejaré claro que no me das buena espina, ¿tienes algún problema con eso?

A partir de ahí, y aún no sé cómo, empezamos a tener una conversación muy interesante sobre las medias verdades y las mentiras piadosas, y no os voy a engañar, el cabrón con encanto resultó ser un cabrón muy inteligente… hacía tiempo que no había tenido una conversación tan interesante con nadie. No hubo nada de tonteos ni mierdas varias como siempre pasa en las discotecas; solo dos adultos bebiendo y teniendo una discusión sana sobre si mentir es algo bueno o malo.

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